Pasarela de ilusiones morenista en el WTC

CIUDAD DE MÉXICO, 27 de junio de 2026.- El World Trade Center de la Ciudad de México amaneció con olor a incienso político, ambición desmedida y el inconfundible aroma del tamal de masa de maíz que viaja en la memoria del tlaxcalteca.

La cita con el destino —o con la Comisión de Elecciones de Morena— estaba pactada a las once de la mañana, pero el tiempo en la política mexicana es un chicle que se estira al ritmo de la conveniencia. El orden alfabético, ese verdugo de la paciencia, decidió que el Pacífico norte abriera brecha: casi una decena de sinaloenses desfilaron primero, retrasando las manecillas del reloj y dejando a la comitiva de la cuna de la nación masticando ansias en los pasillos de cristal.

La incertidumbre corría como pólvora en los corrillos. Los rumores sobrevolaban y las expectativas de los presentes se hacían escuchar: ¿Llegará Óscar Flores, el guardián del tesoro mexiquense? ¿Aparecerá Dulce Silva, la de Huamantla, arropada por los hilos invisibles de Bucareli?

En el PT… la familia es primero


La primera sacudida al tedio la dio el Partido del Trabajo, donde quedó claro que, antes que la patria, la familia es primero. Hizo su entrada triunfal la diputada federal Irma Yordana Garay Loredo, flanqueada por su padre, el eterno Silvano Garay, y su hermano, el diputado local del mismo nombre. Una Trinidad familiar que no llegó sola: para blindar el apellido, apareció el sempiterno dueño de la estrella petista, Alberto Anaya, y el diputado Reginaldo Sandoval, célebre por haber sido el sepulturero de la reforma electoral de Claudia Sheinbaum.

La militancia se preguntaba si los gallos Alejandro Aguilar y Miguel Ángel Covarrubias pisarían la alfombra. El misterio se disipó con la velocidad de un suspiro: uno firmó en la nube y el otro se esfumó en la niebla. Alejandro prefirió el frío cobijo del registro en línea, mientras que Covarrubias llegó junto con su mamá, la Diputada Maribel Cervantes, pero sólo para empujar la carreta ajena, y así sellar el pacto con la dinastía Garay.

El fantasma del Poliforum y el misterio de Parménides

Todo parecía marchar bajo el libreto del pragmatismo. El escenario para Salvador Santos Cedillo, el alcalde de Huamantla respaldado por el tucán del Partido Verde, ya estaba montado con sus banderas tricolores y ecologistas, listas para el flash de la posteridad. De pronto, el cosmos del Poliforum Cultural Siqueiros sufrió un cortocircuito.

Como salido de una chistera o de un cuento de realismo mágico, emergió un personaje de Morena que dejó mudos a los cronistas.

—¿Y ese quién es? —se escuchó un murmullo colectivo.
—¡Le mató la apuesta a Parménides! —exclamó un ingenioso en el fondo.

Era Concepción Sánchez. Llegó sin porra, sin tambores, sin el calor de la masa. Entregó sus papeles, recibió con solemnidad de notario los lineamientos para convocar a las asambleas de la Cuarta Transformación y, así como llegó, sin pena ni gloria, se desvaneció en el anonimato. Una candidatura nacida para la estadística, obvia en su destino de derrota, pero inmortalizada por el atrevimiento.

El rugido de la senadora y los dados de la discordia

Entonces el WTC retumbó. Hizo su aparición un peso pesado de la contienda: la senadora con licencia Ana Lilia Rivera Rivera. Llegó con el músculo de quien sabe operar el territorio. A su lado, el añejo roble de la política local, el exgobernador José Antonio Álvarez Lima. Pero la verdadera joya del folclor fue ver a la diputada disidente Blanca Águila Lima, quien reviviendo sus mejores glorias priístas, comandaba a las huestes de la REDBAL a base de gargantas y aplausos. Se sumaron al contingente Ana Bertha Mastranzo y Eduardo Medel, el tlaxcalteca más monrealista de la comarca.

El séquito periodístico que hizo el viaje desde Tlaxcala no era casualidad; los unía el cordón umbilical del desdén compartido: el desprecio del alcalde capitalino y la fría distancia que el gobierno de Lorena Cuéllar y la actual dirigencia morenista les ha obsequiado.

Encontraron en Rivera un espejo, una voz que promete regresar el poder al pueblo y sacudirse a la actual aristocracia política.

Mientras Ana Lilia se dejaba querer, la pasarela continuó con el diputado con licencia Ray Vázquez —cargando a cuestas el estigma del nepotismo de la élite gobernante— y Carlos Augusto Pérez, el exlíder de Morena, quien sonreía con la fe de quien confía ciegamente en las encuestas de su partido.

El carnaval de la política y el gran ausente


La nota de color tirando a surrealismo la dio Alfonso Sánchez García. Mientras los demás se blindaban con tiachcas, operadores y líderes de sector, el exalcalde decidió que el registro necesitaba más carnaval y menos discurso. Apareció escoltado por un par de huehues emplumados y enmascarados, un charro de estampa, sus hijos, su cuñada y un par de personajes misteriosos cuyo pedigrí sólo su equipo alcanzaba a descifrar. Una estampa digna de una fiesta patronal en pleno corazón financiero de la capital.

La jornada ya pesaba en los hombros. Los que salieron desde el alba reportaban el susto en la carretera México-Texcoco por el estallido de una pipa de gas. Por fortuna, el susto no pasó a mayores y los simpatizantes y reporteros llegaron tarde, pero a tiempo, con el aliento entero para el chisme político.

Al terminar las rondas principales, comenzó el éxodo. El transporte de Ray Vázquez encendió el motor para regresar a la tierra de los cerros blancos; el transporte de Carlos Augusto anunció su regreso a la “cuna de la nación” y la unidad de Ana Lilia también enfiló hacia la tierra del pan de maíz.

Ya con las mochilas al hombro, la Comisión de Elecciones soltó un freno de mano: antes de pasar a los zacatecanos, quedaban dos registros más de Tlaxcala. El rumor volvió a encenderse: ¿Será Óscar Flores Jiménez?

Al final, mucho ruido y pocas nueces. Como se dice con el rigor del lenguaje popular en las tierras del Altiplano: todo quedó en puro pájaro nalgón. El exfuncionario de la SEP federal prefirió la comodidad del hueso mexiquense en Toluca que aventurarse a unas encuestas donde nunca pudo levantar el vuelo, dejando a sus huestes colgados de la brocha y confirmando el pronóstico que

Quadratín ya había adelantado. El hombre que presumía la confianza absoluta del expresidente López Obrador prefirió quedarse despachando en la Avenida Sebastián Lerdo de Tejada No. 300, Colonia Centro, en la ciudad de Toluca.

Y cierto es que aún falta tiempo para definir a la gubernatura y que opciones para llegar a encabezar el Ejecutivo estatal de Tlaxcala, pero el hecho es uno, hoy no llegó Flores Jiménez a su cita con Morena y este 27 de junio no se registró.

Románticos del Che para el cierre


El telón de esta tragicomedia no lo cerraron los dados cargados ni las estructuras corporativas. El cerrojo lo pusieron dos románticos de la vieja guardia: Héctor Bernardo Paredes y Floria María Hernández, cobijados por las Izquierdas Unidas.

Con el puño en alto y evocando el eco del Che Guevara —”¡Hasta la victoria siempre… ni un paso atrás!”— sellaron la extenuante pero entretenida jornada del WTC. Los aspirantes a coordinadores se marcharon con sus papeles bajo el brazo, soñando con la gubernatura y dejando la moneda en el aire, en un día donde Tlaxcala demostró que su política es como su clima: impredecible, calurosa y siempre con un toque de carnaval.

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